Basado en hechos imaginarios: diciembre 2015

30 dic. 2015

Reseña (XI): Pirineos, tristes montes

Las pequeñas historias contienen las mayores tragedias

Pequeños relatos y voces apenas escuchadas narran las historias de las tragedias cotidianas. Tan terribles como habituales. Sabemos que están ahí pero cerramos los ojos por considerarlos cosa de ese mundo extraño y ajeno que es el monte rural. Donde las tradiciones tienen mucho peso y los tópicos no son causa de risa sino de tristeza.

Un mundo triste y oculto

Una antología de relatos. Las historias de las gentes de las montañas que se dedican a su oficio con resignación, donde las apariencias lo son todo y la vida debe pasar sin sobresaltos, sin llamar la atención. Cuentos contemporáneos; algunos tan breves que apenas se leen en un minuto pero todos perduran en la memoria del lector. No hay nada como la historia cotidiana narrada con lenguaje simple y emotivo para que el lector se sienta satisfecho de haber elegido esta lectura.

Cada historia, una vida amarga. Vida que cabe en cuatro hojas de papel, después cosidas y amontonadas con otras vidas. Otras hojas. Formando un mundo de desconocidos entre sí con sufrimientos similares. Familia. Oficio. Infancia. Pobreza. Abnegación. Eso es esta novela.

Pirineos, tristes montes es un título ideal para un lector no habitual. Apenas seis o siete páginas te sumergen de inmediato en una historia trágica y fugaz que te hace levantar la vista de la página y decir "¿esto ocurrió de verdad?" sabiendo que así fue. Trágicamente, así fue.

25 dic. 2015

Escritura (VII): Los pilares de una novela

Un grano no hace granero pero ayuda a su compañero

Hoy vengo a daros algunos consejos sobre cómo escribir una novela. Nada de esto me lo he inventado yo ni vengo a daros la panacea que hará de vuestras novelas obras imperecederas. No. Yo solo vengo a deciros quién es quién en toda obra literaria. Hablo de los pilares sobre los que se sustenta la estructura narrativa y qué papel desempeñan cada uno de ellos en el proceso de creación.



¡Empecemos! Para escribir una novela lo primero debería ser la idea. FUNDAMENTAL. Es la chispa que enciende nuestro fuego creativo. Pero mucho cuidado, la idea no es ni el argumento ni la trama ni el tema. Eso viene después. La idea es algo tan simple como...¿si matar zombies es chungo hoy en día qué pasaría si tuvieran que hacerlo los egipcios? Todos los días jugueteando con momias y preocupándose por el Más Allá...ahora sí que hay preocuparse, sí. Son cosas como esta de dónde parten nuestras novelas.
Una vez tengas tu idea deberías pensar en todo lo que viene. Si decíamos que la idea era la chispa, sin duda todo esto es la leña:
  • Tema: Es esa idea abstracta que acecha a los personajes y la historia. ¿Tu novela trata sobre la muerte, una crisis existencial, el sufrimiento de los pobres, la agonía de ser feliz, la superación personal, el valor de la amistad, la venganza o una mezcla de todo? 
  • Argumento: ¿Qué ocurre en tu novela? Es la historia que pretendes contar, el qué. Un día de finales de agosto Marcelino volvía a casa andando agotado de su jornada intensiva cuando encontró una bolsa del Corte Inglés junto a un contenedor. No le hubiera llamado la atención de no haber visto los billetes de cien euros que asomaban en la abultada bolsa... Así podría empezar una historia en la que el pobre Marcelino decide quedarse el dinero y empieza a ser perseguido por un grupo de traficantes portugueses que quieren recuperar su dinero honradamente obtenido con la trata de blancas. El argumento tampoco es algo definitivo. Tal vez en vuestro primer borrador el argumento era muy distinto al que finalmente ha resultado ser porque a medida que avanzabas te diste cuenta de que tu argumento era mejorable. Esas cosas pasan. También te darás cuenta de que tu idea inicial no cambiará. Es eterna.
  • Conflicto: ¿Qué pretenden conseguir tus personajes y qué les motiva? Hay un argumento sí, un trasfondo, pero en el vasto mundo que has creado hay personajes a los que estos sucesos les resultan indiferentes y hay otros que les afectarán a un nivel muy íntimo. ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido en sus vidas que las ha cambiado por completo? ¿Han perdido a alguien y buscan respuestas? ¿O acaso han abierto los ojos a una verdad oculta?
  • Trama: ¿Cómo se desenvuelven tus personajes? ¿Qué harán cuando sus intereses choquen? Esto es, sencillamente, las escenas de tu novela. Qué sucede en cada uno de lo fragmentos de la obra.
  • Ambientación: Tiempo y lugar. Debes crear el mundo en el que se moverán tus personajes. ¿Es la España de 2007? ¿Había whatsapp? ¿Cuba, 1494? ¿O un mundo extraterrestre cubierto de junglas tropicales y depredadores gigantes?
  • Personajes: ¿Un protagonista o varios? ¿Son antihéroes? ¿El villano es memorable? ¿Es solo uno o una organización? Todos, héroes y villanos, deben ser realistas y el autor debe comprenderlos al completo. Recuerda que nunca llegarás a conocer por completo a una persona, pero sí a un personaje. Tú los has creado.
  • Narrador: Hay que contar la historia y describir los escenarios. ¿Quién va a contar la historia? ¿Tú, como narrador omnisciente? ¿Ellos, como personajes? El punto de vista influirá notablemente en el lector.
  • Diálogos y acotaciones: Sirven para avanzar en la trama sin tener que explicarlo todo; adicionalmente, es una herramienta poder entender mejor a los personajes y sus motivaciones.
  • Lenguaje: Si ni Dios entiende tus palabras sacadas de la RAE nadie va a leer tu libro. Hazlo sencillo.
  • Ortografía: Por otro lado, no hagas que se arranquen los ojos incluso quienes no sean unos talibanes de la Lengua.
  • Suspense: Anticipar al lector algo que los personajes no saben y que ansíe por llegar hasta ese punto de la novela. El día que lo iban a matar se despertó tarde...
  • Sorpresa: Que el lector exclame "¿Qué cojones...?". Haz que suceda algo que ni el lector ni los personajes se esperaban. Son estas sorpresas las que causan sensación al lector. Recuerda que solo se sorprenderá una vez, he ahí la gracia, por lo que debe ser algo realmente desconcertante.
  • Evitar los tres grandes errores, que yo mismo cometo. Estos son:
  1. Que el comienzo no enganche al lector.
  2. No presentar a los personajes de inmediato. Esto hace que el lector no sepa a quién seguir.
  3. Guardarse información necesaria para entender la historia. Esto se hace sin mala intención cuando se pretende sorprender al lector en algún punto próximo al final de la novela y por querer hacerlo se está privando de un elemento clave para conocer la trama. Mucho cuidado con esto.

Ahora que ya tenéis esta estructura es hora de construir las habitaciones y la fachada. ¡Es hora de completar la obra hasta que sea digna de vosotros!

17 dic. 2015

Reseña (X): El marciano

Menos mal que sé hacer de todo

El marciano de Andy Weir es una novela que hace sonreír cada pocas paginas. Lo que podría ser una obra trágica de superación personal y sufrimiento constante es convertido en una especie de comedia sin carcajadas pero de gran entretenimiento. Una novela simpática.

¡Qué polvo más agresivo!

Cuando se desata una violenta tormenta de arena en una misión de exploración a Marte los compañeros de Mark Whatney creen que ha muerto y abandonan el planeta antes de que sea demasiado tarde. Pero, obviamente, Mark no ha muerto. Utilizando su abundante ingenio y los recursos de los que dispone tratará de sobrevivir hasta que una misión venga a rescatarle. Empezando por cultivar patatas en Marte y hacer que llueva.

No es coña.

Este tío tiene que arreglárselas para montar su propio planeta Tierra en su hábitat de Marte. Asunto grave que él se toma bastante a broma. Trata de ponerse serio, pero es imposible para él.


Nada que no pueda arreglar con cinta aislante

Aquí reside la chispa de El marciano: el gran sentido del humor del protagonista. Francamente adorable y que no le cuesta hacerte reír (por lo bajini). Tiene algunos golpes muy buenos que agilizan la lectura y te hacen ganar ritmo.

¿La trama? A cada problema, una solución. ¿Qué se rompe el depurador de agua? Lo arreglo. ¿Que no puedo contactar con la NASA? Busco alguna de las sondas que hay repartidas por Marte. Las hay a patadas. El protagonista es un moderno McGyver que, por suerte para él, sabe hacer de todo. De todo. Lo cual no es algo que sea exactamente bueno. Siguiente problema. Siguiente solución. Y así, prevalecemos...Puede ser repetitivo.

Vayamos a por un sencillo "A favor" y "En contra".

A favor: La idea del libro es magnífica. Un náufrago actual, en el espacio. Hazle pasar calamidades para que el lector empatice con él. Refuerza esa impresión al dotarle de un gran sentido del humor. Por último, es necesario agradecer la enorme labor de investigación del autor.

En contra: Las primeras entradas del diario son una obra maestra, explicando la situación en la que el astronauta se encuentra. Pero con el tiempo se vuelve repetitivo que el autor se vea forzado a explicar la novela por no tener más narrador que el pobre protagonista. Es una crueldad hacer que relate TODO lo que le pasa y cómo arreglarlo. Además, sabes de antemano qué va a pasar el final.

En resumen, recomiendo leerlo porque será una buena lectura pero es necesario rebajar las expectativas. Es más ciencia que ficción.

PD: Ahora ya sé fabricar agua si tengo combustible para cohetes a mano.

9 dic. 2015

Reseña (IX): El corazón de las tinieblas

¡El horror! ¡El horror!

El relato del oscuro viaje a través del río Congo en busca del preciado marfil y el misterioso Kurtz, el administrador de la más productiva estación comercial que ha caído enfermo. El narrador describe cómo llega a ese mundo salvaje y remonta el río, enfrentándose al hombre prehistórico y a sucesos que hacen enloquecer a muchos de los que se internan en ese lugar desconocido.


Remonta el río hasta un lugar hermoso y oscuro

La luz de la civilización proyectaba sombras en aquellos lugares antiguos en los que se adentraba. Una lucha contra lo desconocido con cañones y contratos como armas. Donde los negros saben que deben temer a los blancos pero los blancos no saben a qué temer, y eso les asustaba. Era ese miedo a todo lo que les rodeaba y desconocían lo que les hacía comportarse de un modo suspicaz y violento en extremo. Exactamente la conducta que los negros temían y sabían evitar.

Pronto el narrador alberga la sospecha que aquellos seres pueden ser humanos, que hay algo innatamente humano dentro de ellos y siente su fragilidad como siente la de su embarcación, un cascarón que apenas puede mantenerse a flote para remontar ese río envuelto en las tinieblas y lograr llegar hasta Kurtz, el hombre del que todos hablan y que ha dejado que la oscuridad iluminara su mundo.

El corazón de las tinieblas es un libro fantástico, de fácil lectura y breve sumerge al lector en el lado más gris del imperialismo europeo, el deseo de riquezas y se reconocido en una Europa que ansía los productos de las colonias sin importarle lo que se haga para conseguirlo. La doble moral que los blancos utilizan con su propia gente, condenando sus atrocidades sin renunciar a los frutos de tal actitud. Todo se entrega por el marfil. Todo se entrega por el dinero. Incluso la propia cordura.

8 dic. 2015

Escritura (VI): Viajar a los escenarios de tu novela

Es más real de lo que lo había imaginado


Nunca me oiréis criticar a la imaginación, una capacidad humana, exclusivamente humana, a la que admiro por encima de todo lo demás. Sin embargo, nunca hay que olvidar que cuando quieras presentar al lector el escenario en el que tendrá lugar la trama un escenario se vuelve más realista si es real. El escritor que haya visto, olido y sentido el escenario de su novela tendrá una ventaja sobre aquel que tenga que imaginarlo sentado en la silla frente a su ordenador.

Este realismo se me plantea más necesario si se trata de una novela histórica; aunque se tome las pertinentes licencias literarias para satisfacer las necesidades del autor todo será mucho más fidedigno y más rico si a la imaginación se le añaden los recuerdos del autor. Los personajes de su novela visitarán los mismos lugares que él visitó.

El alguacil es el título de dicha novela y os avisaré en cuanto esté terminada. Por el momento os dejo con las impresiones que he obtenido de una exploración a pie de calle de los lugares en los que se devolverán personajes como el alguacil Jimeno, la alambiquera Arlena o Sancho el Negro.


Lacorvilla es el escenario principal de El alguacil

Cuando me planteé la posibilidad de escribir una novela histórica ambientada en el Aragón medieval a las pocas páginas se me ocurrió que en lugar de elegir un pueblo al azar habría mayor riqueza en ambientarlo en mi propio pueblo.

Con este propósito en mente he aprovechado unos días libres para desplazarme hasta Lacorvilla, municipio de las Cinco Villas, Aragón. Allí he tomado notas de todos los lugares en los que pensaba desarrollar una escena y he descubierto otros nuevos que merecían ser incluidos.

El Castillo de Yecra, o Yéquera, es otro de los escenarios de El alguacil

Olores y dolores

Imaginarse a unos campesinos trabajando un campo no es lo mismo si el campo está en una pendiente y el agua de los últimos días ha provocado que haya una zona embarrada que deben atravesar cada día para arar el campo. Se pierde más tiempo y más barro en tus calcetines. El olor a humo de las chimeneas impregnaba todo el aire, y eso es algo en lo que tal vez no habías pensado, esa omnipresente sensación de que hay lugares más cálidos que esa plaza en la que piensas situar un juicio.

Si tu personaje debe llegar a una carbonera en el monte para conseguir fuego para el invierno podrás describir el dolor en los pies que ella siente si tú has caminado por esos mismo caminos y todas y cada una de las piedrecitas se te han clavado en las zapatillas. Exhalarán vaho al completar el ascenso. No podrán alimentarse de setas si las has visto congeladas. Y las ovejas pierden cierto encanto cuando lo cubren todo con sus diminutos y redondos excrementos. ¿A qué no habías pensado que se pisaba mierda de oveja a cada paso?

Imaginación y memoria

Con esta experiencia a mis espaldas considero necesario animar a todos los escritores, futuros o presentes, a que se planteen la posibilidad de dedicar algo de tiempo a estudiar los escenarios sobre el terreno. Tendrás los escenarios en tu memoria y podrás añadir o quitar detalles como tu creativa mente lo considere oportuno. La experiencia enriquecerá la ambientación de la novela y los lectores se beneficiarán de la mejora.

Reseña (VIII): Código negro

Anticipa algo mejor

Código negro es, de forma clara, un prólogo a otras obras del autor. Es una misión de Buscar y Destruir ubicada en la base de una banda de traficantes espaciales.


La misión es opcional


Los dos legionarios a los que se le encomienda la misión cuentan con el entrenamiento y las herramientas necesarias para lograr su objetivo. Pero por el camino deciden plantearse y ejecutar otras alternativas. Da juego que los personajes se planteen preguntas sobre su cometido y busquen soluciones ingeniosas, pero denota la falta de profesionalidad en lo que se supone que es una unidad de élite.



Es un relato corto y ameno. Entretenido. Sin sesudas tramas secundarias y sí algún arrebato de genialidad en la narrativa que merece aprobación. Hay buenas citas que merecen ser remarcadas. La ambientación está bien elaborada: crees estar en una base en medio de un paraje helado. Sin duda, anticipa una gran conspiración galáctica de corte épico de mejor carga literaria. Pero por el momento es válida como lectura matinal, aunque haya mucho Deus ex machina y le falte algo de profundidad a los enemigos.

Sin embargo, leeremos más sobre el autor.

1 dic. 2015

Relato (IV): Apostar por necesidad, perder por obligación.

Apostar por necesidad, perder por obligación



Puedo leer tu mente, eres un fracasado.
Mírate, perdiendo lo poco que tienes tentando a una suerte de la que careces. Ya deberías saberlo. Tú no eres de los que descorchan champán el día de la lotería. ¿Por qué la tragaperras iba a ser diferente?
Otra moneda.
Su propio nombre lo dice: está para tragar, no para cagar. Es más sincera de lo que tú has sido en toda tu vida. Y viendo cómo te ha atrapado, es mejor en su trabajo de lo que tú eras en el tuyo. A ella su jefe no le dirá un “espero que te vaya bien en la vida”.
Oh, ¿te he recordado lo miserable que eres? Lo siento, olvidaba lo fácil que es ofenderte con la verdad. No me vengas con esas de que el despido les salía barato. No te hubieran echado si hubieras sido útil. Reconócelo, lo que tú hacías lo hace cualquiera cobrando menos. No era tan difícil currar mejor. Deberías haberte esforzado más en demostrar que valías.
Otra moneda.
Toño, ponme otra caña.
Tampoco ellos tienen la culpa de que no te contraten. Tu hija te podría hacer un currículum en condiciones, en Linkedin o en las webs de empleo, y no esa mierda de papel garabateado que exhibes como si fuera un trofeo. En lugar de demostrar que sabes reciclarte y adaptarte a los nuevos tiempos sigues confiando en que tus veintiséis años de experiencia en a-nadie-le-importa es todo lo que necesitas. Me das vergüenza.
Ya ni siquiera buscas trabajo. Tu torpe sistema no ha funcionado y en lugar de probar algo nuevo te escondes en la apatía y la mentira. Vienes aquí, cada mañana, pensando que un trabajo caerá como tus monedas caen por ese agujero.
Otra moneda.
Ni en aquella tienda de zapatos te mantuvieron en nómina. No empieces con ese cuento de que el contrato decía un período de prueba de un año. Si no vales, te echan. Las cosas son así. Pero no, tú te empeñas en hacerte la víctima. “Soy como los demás”, dices “el gobierno me ha jodido”. Ni tú te lo crees. Aquí estás, desperdiciando el paro que te costó treinta años ganarte.
Has dejado que cuatro o cinco malas experiencias te hundan. El problema no es la crisis, eres tú. Y lo sabes.
Mira a través de ese mugriento cristal que Toño no ha limpiado en su vida. ¿Ves esos edificios? Vives en esta gran ciudad, llena de oportunidades, y crees que no hay nada ahí fuera para ti. ¿Y qué que sean trabajos de mierda? Cualquier cosa es mejor que lo que tienes ahora. Que es nada. La nevera no se va a llenar sola y sois cuatro bocas. Suban o bajen el IVA, tienes que seguir comprando comida. Ten algo de dignidad y gánate el dinero trabajando en lugar de seguir con la maquinita esta.
Otra moneda.
Toño, ponme otra caña.
Apúntate a un cursillo de algo. ¿No arreglas el tubo del fregadero? Haz algo de fontanería y que te den un título, que es lo que de verdad importa. Es lo que están haciendo los jóvenes, y son más listos que tú. No dejes que te coman el terreno, porque a ellos no les duelen aún los huesos. No les preocupa la jubilación y a ti te llegará cualquier día. Si es que logras cotizar.
Ve a ver a esa mujer del INEM, ese pájaro de mal agüero, y dile que el viejo fracasado que eres todavía tiene sangre en las venas. ¡Sí! ¡Eso es! ¡Arréglate esa barba de indigente! ¡Vístete como un triunfador! ¡Estira la espalda! Que todos te vean caminar orgulloso cuando entres en la oficina de empleo y anuncies que quieres dar un vuelco a tu vida.
Otra moneda.
Lo imaginaba. No tienes voluntad.
¡Eso es, mira la cartera! Has cambiado el crujir de los billetes por el reconfortante peso de las monedas. Pero a cada partida el tintineo es más débil. Cómo cambia el dinero de manos, especialmente el tuyo. Como en aquella aventura tuya al casino. Cuando pienso que no puedes ser más estúpido pienso en aquella noche.
Para empezar, ¿a quién se le ocurre visitar a una adivina? Son un fraude más grande que las lentillas para ciegos. “Tu suerte va a cambiar”, te dijo. Así, alardeando originalidad. Y tú, estúpido, te lanzaste a los casinos.
¡Qué elegante estabas con ese sombrero! Pero hasta los de la puerta vieron a través de tu traje alquilado y supieron que eras un pordiosero. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
¿Cómo ibas a ganar nada si te estabas preguntando dónde estaban los bastos en esa baraja? Entre ruletas y naipes se fueron los billetes y las esperanzas. La banca siempre gana. Y lo poco que te quedó te lo sopló el casino con una tónica; la más amarga de todas mientras veías cómo aquel fulano que parecía el campeón mundial de póquer se lo llevaba todo. Muy orgulloso en sus cartas y sus miles euros en fichas. Tú podías haber sido él, si hubieras tenido la suerte que sabes que no tienes. Y aquí sigues, tentándola. 
Otra moneda.
Toño, ponme otra caña.
A este ritmo acabarás en la calle. Como aquel mendigo al que no le diste el euro. ¿Te acuerdas de él? Con su aspecto desaliñado y triste: “Soy español en el paro. Tengo una hija”. Murmurando algo sobre “piedad” y “una ayudita”. Te viste como él en no mucho tiempo y sacaste el euro. El mendigo hizo amago de una sonrisa cuando avanzaste hacia él, pero se le congeló en la cara cuando te quedaste parado.
Nueva y reluciente. Con la cara del Rey. Un euro.
Aquella podía ser tu moneda de la suerte. En lugar de echársela al mendigo la echaste en la tragaperras. Y así perdiste tu moneda, esa que te sacaría de aquel agujero en el que tú solo te habías metido.
Vueltas y vueltas dan las cerezas y las campanas de la maquinita y ningún premio sale hoy. ¡No pulses ese botón! Te engaña diciendo “Avance”, pero al final te pedirá más monedas. ¿Lo ves?
Espera un instante y reflexiona. Piensa en lo que estás haciendo.
Eso es. Sigue silencioso y haz caso a quién mejor te conoce. Sal de este bar y ve a buscar la oportunidad que te espera ahí fuera. Buscar empleo es también es un juego de azar. Si insistes, en algún momento ganarás. No, no hagas eso.
Otra moneda.
Te has quedado callado, ¿eh? Claro. Tus hijos. Piensas en ellos y en lo mucho que les queda por delante antes de que puedan siquiera rozar lo que tú has desperdiciado con tu vida despreocupada.
¡Ya vuelves con la estupidez de la hipoteca elevada! Fue culpa tuya, no podías ganar tanto en cuarenta años. No si vivías a todo trapo. Coche. Casa en el pueblo. Dos hijos en la universidad. Un pelacables como tú no podía aspirar a tanto. Es lo que te dicen los periódicos donde ya nadie pone ofertas de empleo y tú insistes en mirar.
Luego volverás a casa y tendrás que mirarte en el espejo del ascensor. Con tu cara de perdedor. Pulsarás uno a uno los botones que te llevan al sexto, tratando de retrasar lo inevitable. Tu mujer te esperará en casa, limpiando la casa que tú vas a perder, después de haberse matado a limpiar casas ajenas por cuatro duros.
Otra moneda.
Te preguntará: “¿qué tal el día cariño?”. “Ya me llamarán”, le dirás tú. Ilusa. Aquí has estado toda la mañana. Perdiendo el tiempo, el dinero y la dignidad. Hasta que no ha quedado nada. Pronto la perderás a ella, cuando descubra el fraude que eres.
Ya falta poco…
¡Torpe! Esa era tu última moneda y se te ha caído al suelo. ¡Menudo golpe! Lo siento por ti, pero te lo mereces. Llevas veinte cañas en el cuerpo y otro te controla. Encima te has roto un dedo. Deberías ir a pedir la baja. Mejor aún, échale cuento y di que te has partido el brazo; y la cadera y el dedo gordo del pie.
Es lo que otros hacen y se van de rositas. Pero a ti te pillarían. Porque tú no eres de los que roban. Ni para eso tienes talento.
Ya tienes tu moneda. Esa que te ha costado un dedo. Mírala bien. Última oportunidad. ¿Crees que será la definitiva? ¿De verdad crees que esa moneda va a cambiar algo?
Otra moneda.
Ya está. Se acabó. Tu última moneda no es más que un recuerdo. ¿Qué esperabas, idiota?
Deberías haberlo aprendido hace mucho. El que apuesta, siempre cae en la trampa.
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