Basado en hechos imaginarios: Reseña (XXVI): Leviathan Wakes

26 may. 2016

Reseña (XXVI): Leviathan Wakes

El arte del cliffhanger


Tierra y Marte libran su propia guerra fría. El espacio es el campo de batalla. El Canterbury es un carguero que transporta hielo desde los anillos de Saturno al Cinturón de Asteroides, para satisfacer la creciente demanda de agua de sus habitantes. Pero cuando sus tripulantes respondan a la llamada de socorro de una nave cercana contemplarán con horror como naves indefensas comienzan a ser atacadas por un enemigo invisible. La Guerra Fría ha terminado, hay un nuevo enemigo ahí fuera.

El Universo estaba tan tranquilo y...¡pum!
Se convirtió en Chocapic

De cero a mil en ¡ya!


¡280 páginas seguidas de ritmo frenético! Luego baja el ritmo durante un tramo. Pero son 280 páginas que se leen a una velocidad increíble, con un uso y abuso del cliffhanger para mantener esa sensación de querer leer más y más rápido. ¡Y luego vuelve a subir! Este es un libro de acción trepidante con una agilidad de lectura que sorprende para un libro de su tamaño.

No solo eso, sino que lo mantiene a lo largo del libro. Las pequeñas pausas que se producen parecen destinadas a relajar al lector antes de lanzarle de nuevo a semejante sprint de páginas. Leviathan Wakes se lee rápido porque está concebido con cierto aire televisivo, como ha quedado demostrado por su adaptación en el canal SyFy.

Personajes arquetipos, aptos para la televisión


Los personajes son muy simples e identificables, muy adaptables a formato televisivo como ya se ha dicho y no hay ninguno que destaque especialmente. Incluida una pitufina; es decir, un único personaje femenino que está ahí, rodeada de los demás personajes masulinos y que, por supuesto, será el ligue de alguien. Son simples. Tienen tres o cuatro rasgos y una forma concreta de expresarse, pero no están demasiado trabajados. Dejan el protagonismo a la historia.

Un world-building ambicioso pero con lógica


Los autores (porque son dos) no se han ido "demasiado lejos" en el futuro, doscientos años. Y eso se nota en su construcción del mundo: está incompleta. Esto no es un fallo sino que es deliberado. La Humanidad coloniza Luna, Marte, lunas de Saturno y el Cinturón de Asteroides, pero todo en la novela nos recuerda que todavía queda mucho para poder vivir en ellos. Se observa la expansión por el sistema solar como un proceso todavía en marcha, con pequeñas victorias aquí y allá.

Muchos de los recursos dependen de la Tierra, el único planeta habitable que existe y eso les otorga un gran poder en el Sistema Solar. Marte está en fase de terraformación y procura mantener el equilibrio con una poderosa flota. Se palpa la Guerra Fría en Leviathan Wakes.

El Cinturón de Asteroides son los suburbios de estos dos gigantes, donde sus habitantes transportan riquezas que no les pertenecen y malviven ante la escasez de alimentos y agua. Son los oprimidos por la expansión, con ansias de independencia y organizaciones paraterroristas para hacer escuchar sus reivindicaciones. Son el resultado de lo que ocurre cuando al dejar tu mundo atrás te llevas tu sistema social contigo. Y la gravedad, o su ausencia, juega un papel  muy importante en cómo afecta a la fisiología humana. Hard Science Fiction.

Y mientras tanto, los Mormones están a punto de completar la nave más grande que se haya construido. Quieren que sus tataranietos alcancen las estrellas, en busca de un planeta que no les imponga restricciones de natalidad.

Una investigación simplona


El libro tiene ciertos elementos de novela de detectives (no en vano uno de los personajes lo es) y el lector seguirá las investigaciones de los personajes, pero pronto verá que las respuestas a los misterios son inmediatas, los malos han dejado un rastro de barras de pan de kilo y medio y todo el mundo tiene los conocimientos necesarios para solucionar casi cualquier problema.


¡Ojo! No pierdas el hilo, ¿eh?

Sin embargo, recomiendo encarecidamente la lectura de Leviathan Wakes. Es un libro muy ameno y con buenas dosis de entretenimiento. Apto para una lectura rápida sin apenas respirar y la creciente sensación de que estás leyendo algo que será eternamente recordado. No es así, pero es agradable sentir esa ilusión como una realidad. Es como una droga: alucinas mientras dura el efecto.
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